domingo, enero 07, 2007

Invectiva contra la literatura


Como axioma primero y fundamental deberíamos establecer, antes de cualquier otra cosa, la siguiente sentencia: “cuando se escribe no se piensa”. La labor de la escritura solamente cobra su valor cuando sirve como medio para el pensamiento. Ahora bien, sea dicho de paso que el pensamiento es tan escurridizo que muchas veces creemos que hemos pensado y quizás no conozcamos aún la experiencia del pensar. Con todo, me propongo realizar una pequeña invectiva contra la escritura como labor.

“Cuando se escribe no se piensa”. No puede ser de otro modo; escribir es un acto de vaciamiento del pensar que se aviene mal con la reflexión; escribir es vaciar, pensar es llenar; un pensamiento claro y acertado, maduro, en definitiva, tiene el valor de cientos de escritos provenientes de una mente literaria. Los riesgos de la literatura en este sentido son múltiples, pero veamos primero la función propia de la literatura.

Nadie estará en desacuerdo conmigo con respecto a lo que sigue: la gran literatura es también y sobretodo una literatura de ideas, entendiendo aquí por ideas la esencia de la meditación filosófica. La montaña mágica es una novela de ideas, Fausto es una novela de ideas, también La divina comedia, El paraíso perdido. San Agustín era antes que filósofo un gran poeta, y Sófocles un filósofo antes que un poeta. Parece claro, por tanto, que la literatura como tal, en cuanto maestra de las palabras, tiene una función secundaria frente a la filosofía; no todo literato debe poder pensar, pero sin embargo, todo filósofo ha de saber escribir.

La prosa y la poesía sólo alcanzan su cenit cuando se reúnen con el pensamiento; es el caso de Así habló Zaratustra, Hiperión, e incluso el famoso poema de Parménides. Se podría decir: sólo cobran su valor en cuanto que su pensamiento es un pensar digno de llamarse tal, y una vez admitido esto, el brillar de la prosa y del lenguaje se convierten en una alabanza a toda la creación intelectual, como los cánticos de los Salmos enaltecen y definen con mayor elegancia el carácter divino de la naturaleza de Dios.

La obra literaria surge de un malestar; esto no puede ocultarse por más tiempo. El poeta no es en el fondo sino un pensador frustrado; su frustración le aloja al reino de lo que sirve para mentar la esencia por no poder alcanzar el reino mismo de la esencia; del concepto al instrumento del concepto; del fruto al ramaje que lo ondea. La frustración del escritor se evapora en forma de tinta; su ego destruido sienta las bases del crecimiento de la enfermedad. No hace falta mencionar cuantas cabezas han perdido su juicio a causa de la poesía; y la proporción con las que dedicaron su vida al pensamiento no es sino pavorosa.

El escritor es, al final, un sujeto enormemente herido a causa de su enfermiza sensibilidad; la obra de arte es por un lado la construcción de su ego roto y por otra la llave de la salvación de su vida fracasada: si, aquí resuenan quizás los mismos y viejos relatos sobre la configuración psicológica del escritor, no hay duda; pero mi intención es remover el orgullo de esas almas literarias y alimentar la necesaria contienda, germen de toda vida productiva.

Como creo que he logrado mi objetivo, no diré mucho más. Todo escritor sabe ya de sí mismo más de lo que cualquiera puede criticar en él: el solo hecho de escribir es una expiación que genera deudas inabarcables. Mi deseo con este breve artículo era remover la exigencia del escritor para con su pensamiento, y por otro, recordarle su orgullo primigenio. Sin orgullo no hay literatura. La humildad del pensamiento es más cercana a lo sagrado, pues conoce su íntima debilidad: el errar indefinido entre lo vulgar y lo elevado, entre dos ríos cuya agua contradictoria suponen una lucha indefinida, una batalla interminable que se extiende a lo largo de una vida entera.

1 comentario:

Oulu dijo...

El escritor siente, primero siente y después piensa como siente. El uso de su pensamiento lo envuelven sus sentidos, es inevitable, sin sentimiento no hay creación alguna. Un filósofo sabe escribir además de pensar,estoy de acuerdo; pero lo que le lleva a escribir es un elemento concreto que le concierne o explora en su pensamiento y analiza cautelosamente antes de escribir sobre él. Tu invectiva contra la literatura rebosa de razón , pero me lleva a la duda, pues no creo por ejemplo que el pensamiento sea algo tan lejano al escritor.Como en todo existe la diversidad que no la relatividad. Y esa diversidad existe no sólo en la literatura también en la filosofía. El escritor que de verdad escribe como siente es el que piensa, pues en él no debe encontrarse más un uso de la razón que de la imaginación y ella se alimenta en sus percepciones del mundo tanto real como imaginario, y todo ello no fluye sin más de la tinta al papel.Muchas obras de la literatura desembocan ineludiblemente en el pensamiento individual de cada lector, entonces, no entiendo como una producción que no emana del pensamiento pueda conducirte hacía él... Puede ser que como dices: "de paso que el pensamiento sea tan escurridizo que muchas veces creemos que hemos pensado y quizás no conozcamos aún la experiencia del pensar".
Pero si leo a Cortazar, por ejemplo, no concibo la asusencia de su pensamiento, lo encuentro latente en cada una de sus composiciones tanto poéticas como literarias, y a la par encuentro una elaboración conjunta de sentimiento e imaginación. Así es que la setencia que marca el camino de toda tu reflexión "cuando se escribe no se piensa", me ha llevado a reflexionar y con ello a dudar si esto es así verdaderamente, ya te he expuesto antes mi opinión sobre que esta reflexión esta llena de razón, pero pienso que un escritor no abandona el pensamiento nunca, aunque no lo ocupen cuestiones filosóficas arraigadas al saber, lo llenan otras cuestiones que no por no ser filosóficas se encuentran fuera del pensamiento.
Escribir no es del todo vaciar, pues aunque en la labor se encuentra un desahogo sentimental por parte del autor en el que se inflitra parte de su ser, (esto es inevitable),escribir es también conectar muchos otros puntos y eso es llenar, amasar el conjunto de sentimiento, pensamiento e imaginación.


Te mando un saludo lleno de admiración a todas tus reflexiones.