lunes, noviembre 12, 2012

Expresiones obsesivas. A propósito de la XI tesis sobre Feuerbach.


Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert, es kömmt darauf an, sie zu verändern, frase más conocida como “Los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, lo que hay que hacer es cambiarlo”, podría ser una de esas frases obsesivas, que no se pueden pensar de una vez sin que retornen de nuevo alguna otra vez, porque por sí mismas sintetizan grandes problemas o grandes cambios en la historia de los problemas y las ideas, por tanto, también en la historia misma. A Jünger le causaba gran turbación la primera frase de San Pablo a los Corintios, “Ahora vemos por espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara”. Son oraciones alrededor de las cuales puede girar una vida pensante entera; expresiones cuasi-definitivas, mágicas, que hipnotizan a los pensadores, aunque también las oraciones pueden condensarse en palabras simples o expresiones: lo hemos visto con el Ser en Heidegger o con el Hen Kai Pan de Lessing. La frase de Marx es doblemente provocativa, además de ambigua. Provocativa porque parece fulminar de una vez todo el trabajo anterior de los filósofos, como si éstos hubieran estado en las nubes o en algún otro lugar absurdo, y de pronto esta verdad se hiciera clara: parece que nadie se dio cuenta antes de este simple hecho: que los filósofos buscaban la verdad de forma obsesiva sin caer en que la transformación del mundo formaba parte de la verdad; que la verdad no era algo ajeno a las transformaciones del ser en la historia; que el trabajo vivo y las condiciones materiales de la existencia estaban en la base de toda formulación filosófica. Semejante hecho parece banal una vez constatado; pero según Marx, se han necesitado muchos siglos para que esto llegara a hacerse consciente. 

La frase es también ambigua, como dijimos al principio. La primera parte nos dice que “los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo”, pero la segunda no nos dice: “lo que tienen que hacer es transformarlo”, sino que “lo que hay que hacer es transformarlo”. Es obvio que el sujeto de la transformación no es el filósofo, sino el proletariado. Mas la frase parece formulada de manera que parezca que el filósofo no ha cumplido con su misión. Por una parte, los filósofos interpretando el mundo; por otra parte, la urgencia, lo que hay que hacer, “de lo que se trata” que es transformarlo. Por tanto, el sujeto de una parte de la expresión es distinto al de la otra parte, y sin embargo, se logra proyectar sobre el primero una responsabilidad evidente: la frase nos viene a decir, en efecto, que “los filósofos deberían haber transformado el mundo”. Es chocante que en realidad no sea ésta la idea de la frase, pues se exime a los filósofos de toda responsabilidad en la tarea de transformar al mundo: de otro modo, se hubiera precisado que “lo que los filósofos tienen que hacer es transformar el mundo”, cosa que vemos, no sucede. ¿Cómo explicar esta ambigüedad? ¿Qué quiere decir en verdad la frase?  

Tal ambigüedad no puede comprenderse sin ir al origen del problema, y el problema es filosófico. La salida de Marx es aparentemente extra-filosófica: “hay que superar a los filósofos: lo que ellos querían resolver se logra de otra manera”: esta podría ser otra traducción de la expresión. Pero aquí la cosa parece más clara: en efecto, lo que Marx pretendería, según esta versión de la expresión, sería resolver lo que los filósofos han tratado de resolver, mas de forma ineficaz, puesto que solo se dedicaban a “interpretar”; aquí estamos ya muy lejos de la pretensión de pensar esta frase como una salida extra-filosófica, a la manera de “la filosofía es un error, hay que hacer esta otra cosa”; no, lo que plantearía semejante interpretación sería una resolución en otros términos de un mismo problema, un problema filosófico. De otro modo no se comprendería la apelación a la labor filosófica. La ambigüedad de la frase reside en la postura revolucionaria que permite la utilización de la contradicción para desbrozar el ser, para abrir el camino; en esta frase obsesiva, en este dictum de la era moderna, Marx exhibe aquí la dialéctica como herramienta del modo más efectivo, revolucionario y provocador: es por eso que esta expresión no solo nos informa del método dialéctico, sino que ella misma nos muestra cómo funciona en vivo este método: la dialéctica no se distingue de su movimiento, la dialéctica es el movimiento.

Dicho de otra forma, Marx no se limita a eliminar la filosofía, a amputar la función de la filosofía; era demasiado hegeliano para hacerlo. Marx no podría portarse como Wittgenstein- kantiano él- quien, precisamente al hacer brechas profundas entre distintos segmentos de la realidad, se veía obligado a establecer antinomias infinitas, intocables entre sí. El método de Marx no significa una huida de la filosofía, sino una profundización en la filosofía a través de su superación: solo de ese modo se logra la síntesis dialéctica. La razón del escándalo que produce la expresión de Marx reside en esta dislocación que permite lograr el objetivo filosófico mediante métodos que están más allá de lo filosófico mismo, no negando lo filosófico como tal, sino realizándolo en su otredad y por tanto, alcanzando la exterioridad del concepto en cuanto justicia misma del concepto. Los filósofos no transforman la sociedad, puesto que los filósofos deben hacer lo que han hecho a lo largo de la historia: pensar e interpretar el mundo. Solo el proletariado, solo el heredero legítimo de la filosofía, puede, en su calidad de extranjero, realizar el verdadero concepto que le esta vedado al filósofo. Es así como el proletario en cuanto hijo completa la obra del filósofo en cuanto que padre.






No hay comentarios: