martes, enero 20, 2015

IU y Podemos. Sobre marxismo y populismo.

Lo positivo de crisis como las que estamos viviendo en estos momentos, es que la ideología de las masas, tal y como la interpretación marxista clásica las entendía, es desbaratada y de alguna manera ilumina, en la conciencia de los sujetos que padecen esas crisis, su estatus material, es decir, su posición social en el entramado de producción que teje las relaciones sociales. En otras palabras, que el ciudadano que ha sufrido la brutalidad de esta crisis- al menos según el punto de vista de Marx, quien parece ser que creía demasiado en la espontaneidad de la conciencia de clase- debe poseer ya los instrumentos que le hagan leer las causas de su sufrimiento, lo que a su vez debería ser garantía de una identidad de clase lo suficientemente clara como para cobrar conciencia de su posición social. Sin embargo, la traducción política de esta situación desmiente por completo este análisis.

Hace poco Alberto Garzón (IU) ha expresado su preocupación por la tendencia de las encuestas. Para Garzón, la estrategia de Podemos es tan válida como cualquier otra, lo cual no impide que IU, según el propio Garzón, no siga obcecado en perseverar en la suya propia, arrojando al fuego cualquier intrumento de análisis leninista y echando más leña en la máquina de su propia destrucción. Paradójicamente, el análisis de la realidad que acomete IU es fidedigno. Por ello mismo, a su militancia le cuesta entender que este análisis no obtenga sus frutos. El problema es precisamente ese, a saber: que la estrategia de Podemos sea vencedora frente a la de IU no tiene que ver tanto con que a los ojos de la mayoría social IU represente la vieja forma de hacer política, como por el hecho de que el discurso de IU, en tanto hace un análisis de la realidad, olvida algo mucho más importante, algo en lo que desde el principio, el discurso de Podemos ha estado centrado: el análisis de los deseos, el trabajo de lo simbólico, en suma: el análisis de la ideología.

Decir que la raíz ideológica de Podemos se ancla en el discurso populista de Laclau -herencia recogida por Errejón- no es decir mucho. A Podemos no le ha interesado tanto analizar los ciclos de la economía y fomentar la fuerza de la izquierda en tanto que izquierda, como centrarse en aquellos mimbres comunes que podían tejer un sujeto mayoritario, un electorado ganador. La reticencia de Podemos a localizarse en el espectro de la izquierda es precisamente un elemento en ese objetivo principal que es ganar las elecciones en el marco de una democracia representativa como la española. La estrategia contraria- fortalecer identidades- podía haber sido útil si hubiera sido fácil primero convertir un elemento simbólico particular- la izquierda política- en un elemento universal- el bien común del pueblo-. Lo que era una operación filosófica de altos vuelos. En este sentido, lo que se le ha reprochado a menudo a Podemos- que no tiene un discurso positivo, sino que se alimenta del malestar ciudadano general- no es algo extrínseco a su naturaleza- siempre y cuando comprendamos que el objetivo general que domina esta naturaleza es el mismo siempre: vencer en unas elecciones generales en el marco de una democracia representativa-. Al contrario, es un elemento fundamental del discurso populista al estilo de Laclau. Como dice Zizek, “según Laclau el populismo es una determinada lógica formal que no está referida a contenido alguno”. En tanto operación y marco puramente formal, el populismo puede aglutinar una voluntad mayoritaria. Pero por ello mismo, ha de posponer todo elemento particular y, más aún, anular toda identidad política para formar una mayoría que nunca se identifica del todo con la mayoría social, sino con esa voluntad mayoritaría expresada en las urnas: la mayoría electoral.

Es entonces claro por qué IU se desploma según crece Podemos. Porque IU no es una máquina de guerra electoral, utilizando la expresión que Errejón usa para definir Podemos. Y no es que IU no pretenda formar una mayoría social bajo su paraguas. La historia de la organización demuestra que no ha pretendido otra cosa. Pero si bien ha sabido leer la realidad, a IU le ha faltado ese análisis de los deseos populares, ese centro de la demanda popular que rotaba en torno al rechazo de la política institucional, el malestar por la corrupción, y que se alejaba indefinidamente en el tiempo del deseo por poseer una identidad política. En otras palabras, IU ha leído demasiado a los clásicos y demasiado poco a los postmodernos. Y ahora se le escapa la oportunidad histórica delante de sus ojos.

Pero tampoco Podemos lo tiene fácil. Pues, si solo se entiende Podemos como una máquina de guerra electoral- y parece que al menos la cúpula dirigente lo comprende de este modo- el objetivo se logrará al precio de obtener tan solo un sabor a ceniza en la boca. Emancipar a una sociedad no es, ni mucho menos- esto lo saben también en Podemos- ganar unas elecciones generales en un marco sumamente restringido como el que propicia hoy la política institucional. Lo que puede darle la victoria es también lo que puede desinflarlo: como método, el populismo puede lograr seducir a las mayorías electorales. Unas mayorías que pueden desencantarse rápidamente cuando el horizonte abstracto en el que reposaban sus esperanzas se posponga poco a poco al tiempo que se vayan reemplazando por la administración rutinaria de la cosa pública, al tiempo que 'hacer nueva política' se vaya pareciendo cada vez más a 'hacer vieja política'.

Este es un riesgo claro para Podemos. Y creo que a ninguno de sus militantes más honestos se le escapa. Ahora bien, lo que puede salvar a Podemos de convertirse en un eslógan vacío, lo que puede salvar a Podemos de la centralización de poder cada vez más evidente, es una cosa tan antigua como intemporal: la militancia perseverante y honesta, lo que es decir: el trabajo de los círculos. Una educación social a largo plazo, una colectivización de los saberes y una cooperación mutua que aleje cada vez más a la ciudadanía de la tentación del individualismo, puede preservar aún la ilusión y convertirse en una herramienta de emancipación social. Y también puede servir para luchar por la hegemonía dentro de Podemos, para luchar incluso contra el populismo dentro de Podemos y proponer la emancipación y la lucha contra el capitalismo como el objetivo fundamental, algo que sin embargo para IU ha estado siempre claro. Como dice Zizek, “para un populista la causa de los problemas nunca es, en definitiva, el sistema como tal, sino el intruso que lo corrompe. La causa no es un defecto fatalmente inscrito en la estructura como tal, sino un elemento que no desempeña correctamente su papel dentro del sistema. Para un marxista, por el contrario, lo patológico es un síntoma de lo normal, un indicador de lo que precisamente va mal en esa estructura”. Eso es lo que a algunos nos distingue de los populistas. Y es que, en cualquier caso, las siglas son contingentes, lo necesario será siempre el militante.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, David:
De tu blog, he escogido este artículo que ya tiene algún tiempo, pero que su título me inspiraba actualidad. En general, he leído todo el texto congratulado, acordando contigo su contenido, y solo se me han levantado las cejas, precisamente, con tu última frase: «Y es que, en cualquier caso, las siglas son contingentes, lo necesario será siempre el militante». Porque o bien implicas algo que no es de dominio público, o bien, surge por arte de birlibiloque: ¿cómo puede la tesis marxista reproducirse al amparo del populismo?, ¿cómo se visibiliza con lo que solo es una maquinaria electoral en nada distinto que cualquier otro elemento mercadotécnico?, ¿por qué iba el "militante necesario" a tener más éxito aquí que enfrentado como estaba antes al mercado capitalista?. Son preguntas imperativas para dar por bueno que las siglas son solo contingentes y abrazar sin más que lo único necesario es el militante. En fin, esto es solo un blog y no sé si tuviste ocasión de meditarlo antes de acabar tu artículo. Un saludo y muchas gracias.