sábado, noviembre 11, 2006

Las otras drogas.


El alma vacía busca y defiende hasta el fin de sus días el mantenimiento de la ceguera y el sueño de la irracionalidad. Es capaz de atrincherarse por evitar que se le despierte a la crudeza y dificultad de la razón pura, así son las cosas.
De entre el estramonio más venenoso, la literatura asciende en limpia vertical como la reina de la terquedad egocéntrica y la torpeza infinita, inyectando potencia al sentido nubloso de la individualidad en el pobre y enjuto desgraciado que cae en sus redes.

A este delirio súmese el de la música, (que convirtió a Schumann en un maniático suicida), más sensitiva y carnal, que con facilidad maestra lacera las constantes del intelecto, y nos constriñe las entrañas sin ninguna razón de peso, lo que provoca que nos veamos muchas veces obligados a asistir a un luto sin existir el finado.
Esta inmoralidad raya en lo chabacano, y su concepto completa su significado y lo lanza fuera de los límites del sentido en los nocturnos de un enfermizo francés, mundialmente famoso, capaz, con sus arpías manejuelas, de agitar a un vivo y llevarlo al borde de la muerte, aun este se halle perfectamente sano.

Mientras la literatura ciega, al menos alimenta la imaginación, aún siendo de forma sosegada, dirigida y pobre; la música hace justamente lo contrario, pues al llevar la vacuidad de la inteligencia por raíles exuberantes pero inexcrutables hacia el arrebato armónico, recompensa su enorme inutilidad.
Hallamos, por lo tanto, que la música y la literatura se dan en este aspecto sus hediondas manos.

Así, pues, ¿hay que renunciar a todo placer y vendernos al primer eremita que descienda harapiento y sin júbilo en su porte de las suntuosas montañas? ¿Debemos sacrificar la alegría por un codicioso deseo de alcanzar aquella ignominiosa razón? Yo sólo apunto un detalle, y a vosotros os corresponde decidir. Pero soy un viejo contradictorio, y si bien me jacto de luchar contra la letra y de recelar de la poesía, libro mis batallas con ayuda del vino y la presencia de las mujeres, acompañando la festividad con los arpegios de mi lira.

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