viernes, abril 20, 2007

De vuelta con los límites

La fenomenología ha hablado de “campo fenomenológico” (A.Dartigues), como aquel dominio anterior al sujeto y al objeto que los define y los alberga, y que por tanto hacen del sujeto y el objeto momentos posteriores y correlatos de una tensión previa que ellos mismos no pueden alcanzar.

Tal distinción pareciera muy adecuada sino fuera porque el polo o correlato del ego ha sido siempre y en todo caso el correlato del que nunca podíamos huir, que aún en una aparente relación de estabilidad o de igualdad con el objeto tendía a “devorar” la exterioridad, y que, en fin, se puede ver más claro en toda la historia de la filosofía, desde el ego de Descartes, hasta el omnívoro movimiento del Yo de Fichte, pero, en cualquier caso, como aquel término molesto que no nos permite saber jamás con certeza si el movimiento que se ha efectuado en el pensamiento se ha llevado también acaso en el ser.

Christopher Norris ha recogido la crítica de Derrida a Levinas en la que el primero acusa al segundo de haber malinterpretado a Husserl en su concepción del fenómeno intencional del ego. Derrida dice que “es imposible tener un encuentro con el alter ego , es imposible respetarlo en la experiencia y en el lenguaje sin que este otro, en su alteridad, aparezca a un ego en general. No se podría ni hablar, ni tendría sentido alguno cualquiera que fuese, de lo completamente-otro, si no hubiese un fenómeno de lo completamente-otro, una evidencia de lo completamente-otro como tal…Incluso si no se quiere ni se puede tematizar al otro, del que no se habla, sino al que se habla, esa imposibilidad y ese imperativo no pueden ser a su vez tematizados ellos mismos (como lo hace Levinas), si no es a partir de un cierto aparecer del otro como otro a un ego…”

Norris entiende este texto como una argumentación kantiana y trascendental negativa que sugeriría las condiciones de imposibilidad que convierten las afirmaciones de Levinas en indefendibles. Más allá de si Norris acierta o no, lo que plantean las elucubraciones de Levinas y que casi siempre acaban rozando lo aporético, cuando no superándolo, es la problemática de aquellos límites kantianos que pueden quizás problematizar nuestra ilusión de escapar a unas condiciones de las que en realidad no escapamos. Lo que Derrida quiere poner de manifiesto es la imposibilidad de que el Otro aparezca sin la condición primera de la evidencia de un ego.

Esta evidencia originaria de un ego tiene muchísimas repercusiones. En primer lugar, la idea de la presentación del objeto o del mundo, del no-yo como la diferenciación exterior del Yo significaría según esta crítica que su aparición depende en primer lugar de una evidencia egológica, pero ello suscita a su vez la problemática de que tal evidencia tenga, además de su rastro inconfundible en la conciencia, una realidad “independiente” de la conciencia. Husserl cree resolver este problema mediante el concepto de intencionalidad. Pero más allá de esto, se evidencia el momento irreductible del yo no como posible fundamento de la realidad, etc, sino como un límite irrebasable, y además como evidencia clara de la razón de que existan problemas filosóficos.

En efecto, sin estos límites, no existirían tales problemas. Las tensiones que se originan en los polos de la realidad, el concepto mismo de la diferencia, parte necesariamente de que exista una entidad irreductible, un momento definitivo. Ahora bien, tal momento definitivo, en mi opinión, no es algo así como un lugar desde el que partir, ni tampoco su evidencia sería un cogito absoluto desde el que mirar la realidad. En último lugar, se trata de un límite a nuestro pensar, una dificultad añadida a nuestra encarcelación por el lenguaje y el pensamiento. Cómo huir de este límite o si de algún modo se puede ejercer una torsión sobre él debería ser más importante que el debate sobre su posible o imposible fundamentación filosófica.

3 comentarios:

David Carril dijo...

Estimados amigos:

Disculpad no haya contestado automaticamente a lo que planteais acerca del nihilismo. Reconozco que el debate es complejo y arduo y yo mismo estoy cansado, asi que solo pido unos dias para contestar. La entrada que acabo de publicar es una constante en mi blog, cierto, pero ayuda a la problematica del pensamiento postmetafisico en la medida en que por un lado los neokantianos creen que el discurso tiene unos limites que no puede saltarse, limites que encauzarian ya el dialogo sobre los que han hablado extensamente autores como Habermas o Apel. La cita de Derrida esta tomada de "Violencia y Metafisica", y el articulo de Norris esta sacado de una compliacion de ensayos sobre la Postmodernidad, "¿Y despues del postmodernismo, que?" de la editorial Anthropos, 1998. Gracias por sus colaboraciones y seguimos en contacto,

saludos.

Renton dijo...

Muyt interesante David, no obstante, bajo mi humilde punto de vista de creyente, debo decir que cuanto más difícil sea construir un Yo más allá del Otro tanto mejor.

Es más, sólo una vez tienes una ligera intuición de quué es ser Yo te das cuenta del valor del Otro.

Renton

David Carril dijo...

Claro, renton, lo que pasa que es precisamente eso lo que critica Levinas. La discusion aqui es que solo bajo ciertas condiciones se puede experimentar al otro, y una de ellas, una insuperable, es considerarlo en cuanto que otro ego, pues de otro modo es imposible su consideracion.

Saludos.