martes, mayo 15, 2007

El peligro

Un gran poeta como Leopoldo María Panero, en su supuesta demencia, ha sido consciente de lo que supone enfrentarse con la palabra poética, con el peligro consecuente de “ser tocado por Apolo”, tal y como le sucedió a Hölderlin, y estas claves del peligro se hallan en varias ocasiones en su propia poesía.

Así por ejemplo dice el poeta en “La poesía destruye al hombre”: “Sólo es hermoso el pájaro cuando muere / destruido por la poesía”, y en otro lugar dice “El martillo de la palabra ha quebrantado mis huesos”. El peligro de la poesía es como el peligro de la vida, como “el peligro de vivir de nuevo”. El poeta no se engaña sobre esta labor, no se engaña con el hecho de que el juego de la poesía es un juego peligroso, que es una lucha heroica con la palabra para arrebatar su ser, para hacerse dueño de ella, para poder decir, y que ello a su vez supone el delirio del héroe que se enfrenta a molinos de viento sin oportunidad de vencerlos, una batalla sanguinaria que acaba por despedazar al que la emprende.

Esto no supone ni mucho menos una invectiva contra la poesía. Al contrario, es precisamente destacando su carácter de peligro como se puede describir el hecho de que la poesía no es cualquier cosa, que conlleva en sí misma la vanidad de pretender enfrentar la existencia con una seriedad con la que muchos no están familiarizados, con una seriedad ante la que el más cuerdo de los mortales huiría como de un ruido atroz. Dos razones hay que lleven al hombre a esta empresa mortal, una desde luego es la heroicidad, pero también los locos a menudo son irresponsables y son capaces de grandes hazañas, al estilo de la falta de prudencia griega, en la que el loco, por despreciar su vida, es capaz de acometer grandes empresas.

Es decir, que la empresa de la poesía tiene un carácter ético del tipo del que hablaba Kierkegaard cuando se refería al estadio religioso, un carácter en el que toda frivolidad se ha deshecho en favor de un enfrentamiento directo con la vida en lo que de más peligroso tiene ella. En el dominio del lenguaje, allí donde se configura el universo mental de los hombres, tiene lugar una batalla en la que el poeta trata de domeñar el mundo, a costa de su propia salud. Sólo con esta condición se puede hablar de compromiso poético. Los demás compromisos, (los sociales, etc), no son sino minucias frívolas en comparación con la consideración de la poesía como una actividad ética, en la que el hombre se ve a la vez condenado y a la vez libre para elegir su condenación, en la que, a la manera romántica, no es posible ver una absoluta cordura en su actividad (y por tanto, no podemos dejar de ver falsedad e inautenticidad en el poeta académico), condición que Platón ya conocía indispensable para entrar en el reino de la poesía.

Alguno que otro ha sido capaz de verter acusaciones muy graves sobre la poesía, como por ejemplo, que su escritura es más sencilla que la construcción de una novela, como que el concepto de poeta tradicional es un deshecho de la creencia romántica en el genio y cosas por el estilo. Reto a ese hombre a que se comprometa con la poesía al extremo de considerarla como la esencia de su propia existencia, como el acto mediante el cual se constituye lo más auténtico de su espíritu, sin que su propia desfachatez le impida lograr su empresa.

En ese sentido, el escritor como tal está herido, está atacado por un vicio peligroso, (el novelista, por ejemplo), el vicio de considerar esencial lo que es propiamente un medio (la escritura) para reflejar el pensamiento. El escritor no se ha parado aún a meditar, y es por eso que todavía no ha conocido la experiencia del pensamiento, que siempre conlleva un encuentro fatal, un acontecimiento fundamental, del cual es siempre mucho más consciente el pensador y el poeta. Pues que todo verdadero poeta ha trabajado de forma mucho más esencial el pensamiento que el “mero escritor” de novelas, y que por tanto su encuentro con la vida es más cercano y peligroso, y por ello, más consciente. Por eso es que, ante las frivolidades del mundo literario, frente al recorrido diario a través de escrituras inconscientes de sí mismas, podemos sentirnos ciertamente felices de no participar en esta orgía de la literatura y decir con Cioran: “si bien me pueden acusar de casi todos los vicios, no tengo por suerte el de ser escritor”.

8 comentarios:

Petrusdom dijo...

Coincido contigo en lo que la poesía implica más compromiso ético, pero al mismo tiempo hay que distinguir al escritor pensador del escrito narrador. Un escritor que no escriba (comunique por cualquiera de los géneros literarios) sus pensamientos es un mero "cantor" de hechos que otro vivió o pensó. Homero no existió pero la obra acumulada durante siglos por los griego de le época oscura se le atribuye a él, el mayor de los poetas.

Toni dijo...

Que Homero no existiera es un mera elucubración como la que quita el pene a Shakespeare y le pone una vagina. Por otra parte creo que generalizar así sólo lleva a fundamentalismos improductivos.
Lo que si podría decirse es que la distancia entre la voz lírica y el poeta es menor que la pueda haber entre la voz narrativa y el novelista.

David Carril dijo...

Hola a ambos.

No sabia que ya estaba decidido eso de que Homero no existió. Lo que he oido, mas bien, es que Homero no escribió toda la obra que se le atribuye. Homero en efecto existió, solo que se duda de que pudiera escribir la Iliada y la Odisea, pues entre ambas obras existen diferencias sustanciales que hacen pensar en mas de un autor. La distincion que hago entre el poeta y el novelista es una distincion particular y en cierto modo arbitraria. En realidad, mi intencion era levantar alguna polémica.

saludos.

Anónimo dijo...

La poesía es peligrosa

Phiblógsopho dijo...

¿Levantar polémica? ¡Pero si has dicho cosas justísimas! Tengo que decirte, David, que has escrito un gran texto.

Y debo decir que profeso una gran admiración por el poeta loco del manicomio de Mondragón, Leopoldo María Panero. He leído su poesía completa publicada por Visor.

Recomiendo encarecidamente 'Los Contornos del Abismo' de J. Benito Fernández (Tusquets): biografía del poeta.

Saludos

David Carril dijo...

Gracias, Jethro.

En realidad, se trataba de levantar polémica no contra los filósofos, sino contra los novelistas,que enseguida podrian haber reclamado con cierta razon que mi criterio era arbitrario. Pero yo pensaba en otro tipo de novelistas, en realidad, en el escritor en cuanto que escritor. Bueno, me alegro mucho de que te haya gustado mi texto, recibe un saludo,

david.

Horrach dijo...

Phiblogs,

muy interesante la biografía que citas de Leopoldo junior. Hay un libro sobre su obra que juzgo muy positivamente: es 'El último poeta' del profesor Túa Blesa.

saludos

Karmen dijo...

Tengo miedo de vivir, la vida me asusta, la muerte no sólo temo al dolor, sólo temo al recuerdo que mañana, desnudo en medio de la calle me sitará otra vez, escupiéndome en la cara y jugando a la pelota con mi rostro hecho sólo de nieve, por donde tú caminas
porque el diablo único es la vida y hasta el demonio tiembla de vivir esta pesadilla a la que llaman vida y que escarba aun sobre el papel, buscando el secreto de la encina de la encina en pie sobre el papel en que la orina ladra y el secreto camina burlándose de mí, y que ría el gusano que ría eternamente el gusano burlándose de mí.

Leopoldo María Panero