lunes, diciembre 03, 2007

Extracto del Libro del Insomnio (X)

401. No hay armonía preestablecida entre el alma y el cuerpo. Cuesta mucho trabajo comprender que nosotros mismos "seamos" nuestro propio cuerpo. El posesivo "nuestro" indica ya que el cuerpo es otra cosa que nosotros. Las funciones orgánicas son generalmente execrables. El vómito, la sangre, el excremento, y con especial predominancia los órganos internos, el corazón, el hígado, etc, son esencialmente repugnantes a nuestros órganos intelectuales, como el ojo. En realidad no sólo el alma, sino también los propios sentidos rechazan el interior de los cuerpos. Ningún ojo ha determinado que sea hermoso contemplar un estómago, ningún tacto hace menos repugnante al vómito. Pero sobretodo es el pensamiento lo que hace que la mera contemplación de nuestros órganos internos cause cuanto menos una preocupación justificada por la relación entre su esencia y el cuerpo.

402. El cuerpo: ese extraño que "somos". Pero, ¿y el alma? ¿Acaso es menos extraña? ¿Quién, sino ella, controla las relaciones entre ella misma y el cuerpo? Pero, ¿quién, sino nosotros, somos los perfectos ignorantes de esa contemplación?


403. Parece que el panteísmo es el intento desesperado por renconciliar todas las otredades de lo mismo en el concepto de universo. Yo me pregunto, ¿por qué esa desesperación por reconciliar algo en nombre de su primigenia unidad si no hubiera previamente nada que reconciliar? Mantener la originarieidad de la unidad y su simultánea ruptura, en un mismo juicio.


404. El talón de Aquiles del escéptico: Pirrón y su compasión con las tradiciones ideológicas de su tiempo. Como el escéptico ha perdido el horizonte posible de la verdad, no queda espacio para la rebelión legítima contra el conocimiento equivocado. Se acepta, por tanto, la religión y la ideología tradicionales; el escéptico detiene todo rechazo hacia un sistema que en algún momento puede volverse opresor. El talón de Aquiles del escepticismo equivale justamente a la única y máxima virtud de la Ilustración: la rebeldía y la acción contra aquello que se acepta de forma dogmática, sin apelación a la razón. Y sin embargo en un punto aventaja el escepticismo al espíritu de la Ilustración. Pues el primero no se engaña acerca de las posibilidades del conocimiento, mientras que el segundo aún no ha despertado de la solemne ingenuidad del racionalista, preso de los sueños emancipadores de la ridícula razón.


405. La única patria donde la libertad es posible para el hombre es la patria de la soledad. Allí donde no ha quedado ningún resquicio que examinar para el hombre solitario no puede ponerse con su fuerza ningún juicio externo. Quien se halla delante de Dios mismo sólo encuentra una oposición en el Absoluto que representa. Todo lo demás, el resto del mundo, cae bajo los pies del solitario. El único juez que queda disponible es la conciencia. Alguien podría objetar que de este modo el solitario no está, efectivamente, solo. Pero ello supone que se ha zanjado de una vez por todas el debate sobre la interioridad o la exterioridad de la conciencia; pues ésta no deja de ser un desdoblamiento del propio sujeto, lo que no lo convierte en alguien efectivamente distinto de ella misma.


406. El sueño confirma plenamente la mutabilidad interna de todas cosas y la segura destruccíón de su constitución una vez que ellas mismas han alcanzado el éxtasis de su esencia perfecta. En el sueño se rompen todos los lazos significativos que en la vigilia adquieren una solidez que sólo un loco se atrevería a rebatir. Ello es suficiente para que la sospecha, el gusano eterno de la inquietud, ejerza el poder de su sombra sobre todas las cosas con sentido de este mundo.


407. ¿Qué diríamos si ante una enfermedad de difícil diagnóstico se reuniese a todo un pueblo y las opiniones de todos sus miembros fueran valoradas idénticamente? ¿Qué pasaría si la opinión de un doctor tuviera el mismo peso frente a la de un granjero en torno a las causas de una enfermedad? Nada diferente acontece hoy en día cuando el derecho a la expresión escrita es patrimonio de cada sujeto de este mundo. Con ello desaparece el valor de aquello realmente valioso, pues la igualdad en el juicio supone el desprestigio del juicio más correcto. Se trata de la política de la democracia, que permite cualquier barbaridad con tal de evitar la caída en prácticas propias de los "totalitarismos". En un mundo en el que no hay cosas mejores que peores tampoco puede existir antídoto contra la estupidez, que definitivamente también ha alcanzado en este siglo su reinado absoluto mediante la tan mal aplaudida globalización.


5 comentarios:

Horrach dijo...

Está bien el 403, David.

Sobre el 405: yo diría que se trata, más bien, del desarraigo, del cual la soledad sería algo así como uno de sus atributos o modos.

ya tienes una buena colección de fragmentos de tu Libro del Insomnio. ¿Piensas hacer algo con ellos más allá de los límites de este blog?

saludos

David Carril dijo...

Hola, Horrach. Pues si, en realidad me gustaria continuarlo durante muchos años. Mi idea es no terminarlo en la medida en que pueda, dejarlo siempre abierto, no ponerle ningun orden...algo asi como un diario, solo que procurando evitar el intimismo de aquel. Mi intencion es dejar constancia de mis propios procesos, sin abortar el trabajo de "fábrica" original... por cierto la idea del desarraigo sobrevuela todos esos pensamientos.

saludos.

Horrach dijo...

Pues trataré de seguir este proceso. Yo tengo en marcha (aunque al ralentí) uno parecido, aunque con algo más de contenido biográfico.

Sin desarraigo no hay verdadera filosofía. Desde posturas identitarias sólo se puede crear ideología, religión y cosas peores.

saludos

Petrusdom dijo...

Muy interesante tu Libro del Insomnio. En relación al 407 cuando hablas de democracia ¿a cuál te refieres?, ¿la de los tiempos antiguos o la de los tiempos modernos?
Saludos cordiales

Anónimo dijo...

¿A quién hay que saltarle los dientes? Ah! Perdón, creo que me he confundido de sitio...