viernes, diciembre 14, 2007

Extracto del Libro del Insomnio, XI


436
De la misma manera que en teología podemos rechazar la hipótesis de la existencia de un Dios gracias a la evidencia de la maldad en el mundo, en filosofía podemos rechazar la idea de que la razón encuentre su objeto, precisamente observando los "meros hechos empíricos" que tanto placer causan a algunos; por eso recurrimos a la vida de los grandes filósofos y encontramos que, ¡eureka! ninguna de sus reflexiones ha conseguido emanciparse de los cambios físicos que fueron causa de que ahora pensaran esto, y más tarde aquello otro; la evolución del pensamiento en el mismo pensador es la razón suficiente, más que necesaria incluso, la evidencia, de la futilidad de la filosofía como pensamiento sobre la realidad del hombre y del mundo.
437

Yo mismo, como particular, (Kierkegaard, Stirner), ya soy un obstáculo para el objeto científico, que no puede, ni nunca podrá, a no ser destruyendo mi propio ego, conquistar ese terreno que, en cuanto "hecho indubitable" (¿o debo dudar de mi propia existencia?), queda al margen de todo instrumental científico y profesional.

438

Qué ruindad supone la filosofía profesional! Bien está que concedamos que se trata de una patraña en la que algunos nos involucramos, no sabemos bien por qué, para rellenar nuestras taras afectivas y personales, y nuestra incomunicación culpable con el mundo. Pero de ahí a querer hacerse con el mundo, ¡qué barbaridad! Y como nunca consiguieron entender que existe una falla intransitable entre el ser y el pensamiento, que sólo el ser puede atravesar, engañándonos a nosotros mismos, yerran durante siglos en las mismas vías, en los mismos sótanos, despreciados del mundo y en constante destierro de la salud mental.

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Kant sitúa a los objetos girando alrededor del hombre, y entonces tiene ya ganada la partida. Pero, ¡ay! ¿Es que no viste que aún siendo nosotros los constructores de nuestro mundo cargamos con una mayor monstruosidad, a saber, la imposibilidad de manejarnos a nosotros mismos? Más fácil era antes, que nos gobernaba un ser exterior y trascendente, que ahora, que nos gobernamos nosotros mismos, es decir, un ser obscuramente incognoscible.

440

Mi yo es el objeto incognoscible por excelencia del mundo. Pues ni siquiera yo mismo podría conocerlo.

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Schopenhauer critica a Hegel por charlatán; en efecto, es posible que Hegel fuera un charlatán, un embaucador. Pero también es preciso preguntarse si no sucederá que las verdades de la existencia no son menos charlatanas y embaucadoras. El propio universo metafísico de Schopenhauer pide que esto sea así; lo trágico es irónico y por tanto embaucador.

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