viernes, noviembre 09, 2007

Razón metafísica

En este artículo entendemos por “razón metafísica” a aquel espacio de tensión entre el hombre y el mundo y que permanece anclada a una serie de principios trascendentales (en el sentido de que definen, independientemente de los sucesos contingentes, las reglas de acción moral en función de una definición previa de lo que es el mundo), en contraposición a aquello propiamente “antimetafísico”, que es representativo de lo que caracteriza a nuestra época. Pero hay que aclarar el carácter de esta “razón metafísica”, tal y como aquí se trata.

Lo metafísico permanece bajo la apariencia de la convencionalidad y la convivencia cotidiana como algo imperturbable; es un espacio donde se enraízan los principios morales y ontológicos en uno solo; pero la razón metafísica aparece siempre con distintos ropajes: ora más elevada y abstracta, ora más cínica e incluso criminal. Esta razón es por eso una pura formalidad (lo cual no incide en su legitimidad): su contenido, su validez, se agota en ella misma. Su dogmática habla tan solo de que la actitud ética imprescindible ha de proponer un enlace indisoluble entre el hombre y el mundo como objeto trascendental y lugar de acción y reflexión. El mundo como totalidad enigmática que interroga desde la ignorancia al propio hombre: ello no implica una actitud ética determinada, sino sólo en su formalidad, sólo en la exigencia de una conciencia, no en los valores morales de determinada comprensión de un mundo, y ello está basado en el principio ontológico que declara abortada la cognoscibilidad del mundo, con lo cual el espacio propio del ser es el espacio de la neutralidad.

Por ello no se nos presenta más ético el cristiano que el nihilista, o al menos no necesariamente. El crimen no se prefiere, en este caso, a la solidaridad cristiana o al amor (por ejemplo). Sólo se dice que es una opción perfectamente justificada desde la razón metafísica(toda vez que el valor moral en su contenido se disuelve en el espacio de experiencia vital que hemos llamado razón metafísica); pero ahora bien, no todo crimen es metafísico. Dos tipos de nihilismo se verifican aquí: por un lado, el “nihilismo” de la cotidianidad, del rechazo a lo metafísico como actitud ética trascendental; de otro, el “nihilismo” como posible acción ética desde la metafísica cuyas consecuencias son o pueden ser tachadas como “degeneradas”, “crueles” o “criminales”.

La apología de la razón metafísica sólo puede dejar de ser una obviedad cuando el pensamiento generalizado de una época llega incluso a ocultar lo que debía ya estar superado hace mucho tiempo. El nihilismo de la cotidianidad perturba las relaciones del sujeto como protagonista consciente de su historia con respecto del mundo que lo engloba, favoreciendo un ocultamiento de las condiciones más básicas para la tarea del filosofar. De este modo es como ahora se hace urgente resaltar principios que hubieran resultado básicos para cualquier filósofo de otra época. Pero la experiencia vital de la filosofía no arroja luz sobre la verdad de nuestros valores y convicciones. Por el contrario, nos coloca entre la dificultad de decidir y la necesidad de considerar un asunto en sus últimos fundamentos.

Aquí es donde la necesidad de la decisión se impone ante la del conocimiento. Y por ello puede legitimarse una acción anárquica. En cualquier caso, la indeterminación del mundo hace plausible una ética formalista como la expresada en este párrafo al tiempo que oscurece la posibilidad de una acción basada en algún tipo de moralidad determinada o ética concreta. Nuestra razón filosófica atiende a la totalidad desde la deducción sistemática de un organismo metafísico cuya praxis o, resolución última, puede ser un crimen inclusive. Pero, ¿y la verdad del sistema? Se cumple en el sistema mismo.

2 comentarios:

Horrach dijo...

Hola David, ¿cómo va todo? Llevo un tiempo con despistes y líos, uno detrás de otro y vuelta a empezar, y no me he podido detener en este blog el tiempo que se merece. Espero poder hacerlo a partir de hoy, algo más suelto de lastre.

saludos

David Carril dijo...

Hola, Horrach. Tranquilo, lo mismo digo. Tambien yo ahora tengo en casa visitas y no escribire con la frecuencia usual. Por cierto, lei que estuviste en un seminario de Nietzsche. ¿Que tal estuvo? Saludos..