martes, noviembre 20, 2007

Extracto del Libro del Insomnio IX

386. Si se hiciera real la vida por la que suspiramos, de inmediato dejaría de ser valiosa y nos veríamos de nuevo enredados en otra preocupación. Es difícil ver esto que es tan obvio, y por eso sufrimos. No es que no sepamos aprender, quizás es que en este punto no sea posible. Por otro lado, todo el sufrimiento que tiene por causa una disminución o empobrecimiento de uno mismo es a su vez causa de un corazón afectado, un ego arbitrariamente sobreestimado. Mi melancolía ha sido muchas veces la consecuencia de una nostalgia por un yo más firme, más valioso. El hartazgo de uno mismo proviene de una excesiva dedicación. Al igual que en otro tipo de conocimientos, el conocimiento de uno mismo genera el dolor de la unidad que no se puede compartir. La soledad es propia de ese hombre que estima en mucho su vida, sus capacidades, sus valías. El conocimiento del yo causa la conciencia dolorosa que todo conocimiento provoca.

387. Una filosofía de la inquietud: la inquietud o el abismo como la máxima aspiración en materia de conocimiento. Ahora bien: si la certeza de la inquietud como fin fuese absoluta, no habría inquietud como tal. Alcanzaríamos la ataraxia en la epoché indefinida del conocimiento. Sólo porque intuimos vagamente la posibilidad de la verdad, y sólo porque esa posibilidad se nos presenta como irremplazable cada vez que hacemos filosofía, es por lo que de veras la inquietud se hace, paradójicamente, posible en sí misma; y es por eso por lo que tenemos, de forma secundaria, una cierta certeza de la inquietud que nunca podemos afirmar en el juicio de manera absolutamente positiva.

388. Pues igual que no podemos convencernos de la posibilidad de la verdad, tampoco hemos realizado el trabajo suficiente que nos permita convencernos de su absoluta imposibilidad.

389. La inquietud se presenta siempre en la forma de la ilusión. Y sobre la ilusión trabajamos. Todos nuestros fines, de ser realizados, nos convertirían en seres profundamente amargados. De ahí que sea necesario suponer como imprescindible o como meta aquello que, una vez logrado, nos haría desistir profundamente de toda misión y trabajo en la vida.

390. Todo programa filosófico coherente debe incluir en una unidad la ética, la teoría del conocimiento y la ontología como si se tratasen de los distintos pliegues de un mismo ser que no hace abstracción de sus partes en cuanto su acción es completa y absoluta. No tiene sentido una pura ontología, ¿pues de qué nos servirá a nosotros?, de la pura ética, ¿pues con qué legitimidad podríamos justificarla?, o de la pura teoría del conocimiento, ¿hay algo más frío e insatisfactorio que eso?

391. La perturbación de la razón mediante narcóticos, drogas, insomnio, etc. No se trata de matar la lucidez, sino de matar el dolor que conlleva toda lucidez. Una inteligencia vigorosa no dudará en echar mano de vez en cuando de cuantos narcóticos pueda utilizar, si es que quiere no ser vencido por la locura. La legitimidad humana de ayudarse a sí mismo para soportar el dolor del mundo.

392. La intuición intelectual más profunda de este mundo posee la doblez que le permite convertirse en la cosa más efímera de cuantas existen. Pero no por ello deja de ser profunda; al contrario, precisamente porque se dobla en esa banalidad es por lo que podemos atestiguar su antigua profundidad.

393. De la misma manera que ante dos opciones igualmente satisfactorias, nada podrá evitarnos el placer de la elección de una de ellas, nada podrá evitarnos su consecuente sufrimiento.

394. Qué hacer con el sufrimiento, he aquí la pregunta constante del estoico.

395. En Platón y en Spinoza se vislumbra la horrible verdad del camino del sabio: tras vagabundear en las altísimas cimas del conocimiento, hay que bajar de nuevo a tierra firme y encontrar, esta vez desde otro lugar, la verdad superficial que en todo momento ha permanecido, quizás detrás de las sombras de la especulación intelectual.

396. Todas las perturbaciones de la razón que se producen por causas procedentes de la vigilia tienen la misma influencia sobre el alma que las que se producen por causas que instigan al pensamiento desde el sueño.

397. ¿Cómo se puede paralizar el pensamiento? Quien posee una alta cantidad de energía en constante movimiento no puede sin más abortarla, eliminarla. El pensador se ve sin duda inmerso en su filosofía, y en el supuesto desarrollo de su filosofía, debido a que la energía del pensamiento que lo oprime busca desembocar en una expresión que lo libere de sí mismo.

398. En todo momento me doy cuenta de que no pienso sistemáticamente; pero porque he determinado que mi pensamiento imite la forma de la vida. El pensamiento es irremplazable en mí; quizás porque la melancolía de la que soy presa me arrastra con sus olas hacia las tierras de la reflexión. Pero no puedo proceder detalladamente. Mi escritura es un salto, una coma, una nota a pie de página, un quiebro circunstancial. Y así puedo decir que permanezco constantemente apuntalado por una conciencia a medias, una tensión que me hace ser consciente de mi propia oscuridad sin facilitarme vías de lucidez como para suponer estar en algún camino. Casi me muevo con la consistencia propia de la inercia.

399. Nada es más fiel al alma humana que el propio sufrimiento.

400. Procura que tu expresión sea lo suficientemente general como para que quien te escuche pueda aprender algo de sí mismo. Que la expresión mate la subjetividad en cuanto que la finalidad sea alcanzar una cierta objetividad, un conocimiento útil para aquellos hombres que busquen respuestas en sí mismos.




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