martes, octubre 16, 2007

Decisionismo teológico

El inicio de lo que habitualmente llamamos nihilismo se puede situar con certeza en las cercanías del giro copernicano, más en concreto, en la filosofía de Kant, que por fin termina con la metafísica tradicional y con la suposición de un mundo trascendente que lograba fundar su independencia de las sensaciones y los pensamientos del sujeto. La paradoja es que, en términos estrictos, ya la doctrina del Antiguo Testamento encierra interesantes características sobre la naturaleza divina que convergen con la presencia del sentimiento nihilista occidental, por ejemplo, en el decisionismo de Carl Schmitt.

El Dios judaico-cristiano, como bien sabemos, se opone en su constitución y naturaleza a la de los demás dioses tradicionalmente paganos, ya sea en la mitología griega, cuyo peso moral se debe al Estado más que a la espiritualidad propia de cada individuo enfrentado a Dios (Kierkegaard, los estoicos de influencia cristiana), ya sea en el resto de las cosmologías como por ejemplo la azteca, en la que también se contempla en cierta manera un tiempo circular que se opone a la concepción cristiana. En realidad, en los aztecas, como en los griegos, existe una especie de naturaleza débil del dios que está sometido al círculo absoluto de la naturaleza y que no puede ejercer como tal la absoluta soberanía. Los aztecas han de mantener a su dios solar con la sangre de los mejor dotados con el objeto de que este sol mantenga el universo en amenaza de disolución. Los dioses griegos, por otro lado, son famosos ya por sus debilidades humanas; en ambos casos el concepto de divinidad nada tiene que ver con un solo Dios absoluto, y se entiende que fuera requisito legal y moral del judío el repudio del politeísmo, pues solamente el monoteísmo podría satisfacer las exigencias de un Dios todopoderoso y único.

¿Cómo se conecta esta idea del Dios todopoderoso con la del "sujeto todopoderoso" que encarna el Estado decisionista de Carl Schmitt? Se trata nada más de ejercer el poder que anteriormente poseía exclusivamente Dios; el decisionismo se opera justamente cuando los cargos atribuidos a Dios corresponden ahora al Estado o al sujeto. La filosofía de Carl Schmitt lleva a lo primero; la de Kant a lo segundo, y todo parece indicar que ello sienta las bases de lo que llamamos nihilismo. Volver el argumento del revés nos produce la curiosa sensación de que en la religión judaica se oculta una profunda negación de la razón clásica pagana, y ello por varios motivos.

En primer lugar, la creación ex nihilo divina supone una alteración y una desobediencia al principio griego clásico del respeto por la physis. No es el dios el que emerge del ciclo natural infinito, sino la misma existencia del mundo la que emerge de él. La irracionalidad de esta explicación consiste en que no cabe imaginar el motivo por el que una Substancia Absoluta "decida" crear (¿y cómo crear desde la nada? diría un griego), un mundo perfecto. El argumento para rebatir esta objeción es que Dios hace todo por "amor": crea a sus hijos por amor a sus hijos (¿pero es que los hijos eran algo distinto de él?), y esta explicación formula una terrible paradoja, que no es sino la distinción entre Dios creador y sus criaturas, el límite en el que la criatura deja de pertenecer a la voluntad divina para devenir independiente.

En el juego de la creación divina se realiza con una perfección inusitada el decisionismo como tal. Dios, independiente de toda regla y norma universal, (pues Él es la norma y la regla), crea, a la manera del genio romántico, el mundo por puro amor. Pero también en ello se adivina algo sobre la naturaleza de esto último. Y es que el amor conserva esa raíz profundamente instintiva y decisoria por la que el amado se refleja en aquello que ama. Sin embargo, la exigencia de poder absoluto de Dios niega el principio del amor. Hay que esperar a la llegada de Jesucristo para redimir al propio Dios de su absolutismo decisionista.

3 comentarios:

Horrach dijo...

Hola David.

Con respecto a lo que me preguntabas en mi blog, decirte que desde siempre me ha interesado el judeocristianismo, aunque sólo en los últimos 10 años he ido trabajando la cuestión de forma más teórica. Me han influido mucho los análisis de autores como Levinas, Frye o Girard, que para mí descubren lo que es más importante en este fenómeno cultural, que a mí me gustaría trabajar un poco como Heidegger trataba los textos de la filosofía griega. Creo que filosóficamente (sobre todo desde la metafísica) se le puede echar bastante mano a la cultura judeocristiana, y que merece mucho la pena, ya que percibo en ella muchos elementos de gran originalidad, elementos que hoy en día percibimos poco, simplemente porque estamos metidos de lleno dentro de un mundo generado en gran parte por dichos elementos. Necesuitamos para percibirlo cierto distanciamiento, o theorein.

shalom!

M. dijo...

El judeocristianismo, amigo David, es la Gran Ballena Blanca que el Capitán Acab perseguía en la célebre novela de Melville. Lo desconocido, lo más grande, ay, si Dios levantara la cabeza. Saludos y a ver si nos vemos.

irichc dijo...

No todos han entendido a Dios desde este decisionismo. Sólo algunos, en especial los nominalistas y, por influencia de éstos, los reformados. Ahora bien, el Dios católico, como el demiurgo platónico, crea en base a ideas eternas preexistentes en su inteligencia. Éstas han sido tradicionalmente identificadas con la segunda persona de la Trinidad, Cristo, "el Camino", "mediante el cual todas las cosas fueron hechas".