lunes, junio 18, 2007

Tiempos oscuros

Nuestra época es refractaria a todo intento de definición. La búsqueda de lugares comunes ha llevado paradójicamente a una cierta oscuridad del tema, lo que debería ser un síntoma ya de esa misma época que tratamos de comprender.

Nuestra época es una época de decadencia. A veces resulta problemático hablar de decadencia, pues lo primero que se le opone a la misma es el progreso, de manera que hablar de ausencia de decadencia sería como hacerlo de la presencia de un progreso. Pero progresar significa tener en mente un modelo demasiado optimista con el que muchos no estaríamos de acuerdo. Más en general, el progreso suele entenderse como el dominio de la naturaleza por el hombre, o como la emancipación metafísica del mismo de sus dependencias materiales o sociales. Por todo ello, progreso es un término poco adecuado para nuestra exposición.

Pero lo más extraño de todo es que dada la inmensa literatura filosófica en torno al tema aún sigamos discrepando acerca del carácter de nuestra época. Ya sea que tomemos a Horkheimer o a Heidegger, el diagnóstico se centra en torno a la omnipresencia global de la racionalidad técnico científica como la causa determinante de la decadencia de la época. Las diferencias a este respecto no inciden en sus consecuencias prácticas, aunque en Heidegger sea el olvido del ser el causante de la relevancia de un pensamiento sobre otro o en Adorno sea el triunfo puro de una metafísica que olvida la individualidad.

En todos los casos hay una evidencia sobre el carácter oscuro de nuestra contemporaneidad, que no ha podido borrar el progreso técnico, una situación que tiene múltiples frentes de análisis pero que remiten a una generalidad común. A este respecto, Marc Fumaroli ha escrito un libro titulado El Estado Cultural, en el que sitúa como aspecto básico de la decadencia cultural el hecho de que sea el Estado el que determine el monopolio de la cultura. Para Fumaroli el concepto de cultura se ha perdido en las múltiples definiciones de los etnólogos que comenzaron a definir la cultura de un lugar como el conjunto de formas diversas de vida, con lo que el anclaje tradicional de su concepto se habría desvanecido.

En cualquier caso, con ello Fumaroli intenta una crítica de la cultura en cuanto comercialización, en cuanto objeto de mercado. Que el Estado se haya hecho con la regularización de la cultura significaría que desde el mismo se habría impuesto a los ciudadanos el contenido mismo de esa cultura. Más allá de la parcialidad o imparcialidad de este análisis, queda sin embargo el hecho claro de que la cultura ha pasado a pertenecer al mercado, que es el verdadero Sujeto de nuestra sociedad, una sociedad ciertamente metafísica, si se comprende como la dominación del hombre por el principio mismo del mercado, que Hinkelammert ha denominado, en su extremo rendimiento, como anarcocapitalismo.

Vistas así las cosas, no tiene mucho sentido negar el carácter decadente de esta época. Los optimismos en cuanto a la misma sólo pueden venir de una asumpción consciente de la razón técnica o bien de una melancolía que habría entonces que tildar de postromántica. No se puede pensar una nueva época sin el componente técnico como dominador.

El resultado de ello es que aún cuando se asumiera el devenir de la razón técnica pero se subordinase a otro tipo de razón tendríamos que denominarnos en cierto modo “progresistas”. De hecho, esta posición es la de Habermas. La otra opción que queda es la de la negación radical de la metafísica de nuestra época, una metafísica sin duda peculiar. Pero entonces no cabe imaginarse cómo se podría negar el carácter eminentemente decadente del siglo pasado y, al parecer, del que pertenecemos ya como sujetos consciente o inconscientemente activos.

9 comentarios:

Horrach dijo...

Hinkelammert. Umm, imagino que será el mismo que ha dedicado estudios a las tesis de René Girard. Lo único que he leído de él son sus intervenciones en el congreso que en Costa Rica reunió a Girard con teólogos de la liberación, cuyas actas fueron publicadas en el libro 'Sobre ídolos y sacrificios'.

saludos

David Carril dijo...

Hola, Horrach. Es el de Critica de la Razón Utópica, en el que desarrolla una critica interesantisima de Popper. Es el unico que he leido hasta el momento.

Saludos.

Horrach dijo...

umm, no conocía este libro. ¿En qué editorial ha aparecido? gracias

En sus tesis sobre el sacrificialismo Hinkelammert exagera algo, fruto tal vez de ciertas inclinaciones ideológicas (propias de esa izquierda rusoniana) que casan mal con el análisis de una problemática antropológica.

phiblógsopho dijo...

Estudié con Hinkelammert. Está un poco viejo ya (para hablar en público, me parece, pero sigue siendo muy prolífico como autor).

Sus libros han aparecido generalmente bajo el sello editorial del Departamento Ecuménico de Investigaciones. Hay que buscarlos en bibliotecas, porque no creo que sean de fácil adquisición.

Saludos

David Carril dijo...

Gracias, Jethro, por la informacion. Que suerte haber podido estudiar con ese profesor.

saludos.

David Carril dijo...

Horrach:

Mi libro Critica de la Razon Utopica, (es decir, el libro de Hinkelammert) lo tengo en la editorial Desclée, coleccion Palimpsestos.

saludos.

Horrach dijo...

Ok, gracias David.

Phiblogs, ¿has leído el libro al que he hecho referencia, el 'Sobre ídolos y sacrificios' de los teólogos de la liberación en su diálogo con Girard? Está editado precisamente en Costa Rica.

Por cierto, ¿Hinkelammert no es alemán?

saludos

Renton dijo...

Qué suerte para mí poder leeros...

Incluso hay cosas que entiendo y todo.

phiblógsopho dijo...

Horrach, no conozco el libro que dices. Sin duda parece interesante. Hinkelammert es alemán, pero radicado en Costa Rica por muchos años.

Confundí el libro que posee David, Crítica de la Razón Utópica, con Las Armas ideológicas de la muerte. Por eso lo del sello editorial.

Y qué más... ah bueno sí, una suerte tener de cerca a Hinkelammert, con quien comparto afinidades teológicas por nuestro común gusto por Dietrich Bonhoeffer y Karl Barth.

Saludos