viernes, marzo 14, 2008

Filósofos y pensadores


Hace tiempo que nuestra época ya está acostumbrada a prescindir de la definición clásica de filósofo, así como de la de artista. Nadie mejor que los filósofos contemporáneos para demostrar el hecho de que ellos mismos ya se hallan muy lejos de la filosofía entendida tradicionalmente, y la interdisciplinariedad es un fenómeno que no sólo ha mezclado a la filosofía con otras artes, sino a las demás artes consigo mismas y también, con la filosofía.

El decaimiento de los sistemas idealistas comenzó a producir esa brecha que más tarde supondría toda una revolución en el pensar. Se puede acusar al fracaso de estos sistemas la desconfianza en el sistema en cuanto tal, pero antes es preciso plantearse si el seguimiento de un dogma o una convicción crea algo en nosotros lo suficientemente definitivo como para poder sentirnos conformes con el contenido del sistema.

Aquí, y no en la idea del fracaso de los sistemas filosóficos, es donde encontramos una razón suficiente; no es que los sistemas hayan fracasado, sino que el sistema mismo no halla satisfacción en el hombre, no lo colma, no lo redime. El filósofo sistemático mismo es el primero que cae bajo la continua movilización de los fundamentos de su dogma; la retractación en el filósofo es un continuo de su obra; y finalmente, como en los casos de Fichte y Schelling, cuando el sistema no se puede mantener por más tiempo los oídos se hacen proclives a los cantos de sirena de la religión y el misticismo.

La distinción corriente entre filósofo y pensador cobra aquí su vital relevancia, dada esa excelente caterva de pensadores que, lejos de la erudición y el seguimiento rígido de los sistemas o tendencias académicas de sus tiempos, tuvieron el valor de atreverse a pensar, a experimentar con el pensamiento, a luchar consigo mismos en una tarea solitaria y titánica.

El pensador no erige monumentos ni busca fundamentos, sino que se desarrolla a sí mismo en el proceso de la escritura. A diferencia del filósofo, sus ideas no alcanzan la solidez sistemática del pensamiento rígido, sino que se hallan en los límites de otros pensamientos, compartiendo con ellos la pluralidad misma del pensamiento que no quiere ser reducido a mero manual de academia.

Y así vemos entre nosotros, frente a la oscuridad momificante de la tradición académica alemana, desde Kant hasta Heidegger pasando por Hegel el prusiano, un ejército marginal que desde otros ámbitos comienza a pensar, lo que nunca podría haber conseguido el viejo profesor desde su cátedra, ya sea en la línea de batalla (Wittgenstein), en su tumba de colchones (Heine), o tras el marco de una ventana (Lichtenberg); figuras divergentes, elásticas, móviles, capaces de mayor movimiento y rapidez que los grandes monstruos de la filosofía tradicional; figuras que provienen desde ámbitos tan diversos como la poesía, (Valéry), el periodismo satírico (Kraus) o la música (Jankélevitch), pero que precisamente debido a su exterioridad con respecto a la policía académica del pensamiento han conseguido crear las obras más satisfactorias para el espíritu del hombre, que han logrado esa única y gran hazaña que es pensar.

2 comentarios:

Horrach dijo...

Buena entrada, David. La filosofía es lo que se dice un 'camino sin salida', una vía que no lleva a ninguna parte en el sentido de que no es finalista ni nos permite obtener un fruto o un resultado definido a partir de ella. Para las mentes mercantilistas, más presentes que nunca en este siglo XXI, la filosofía no sirve, ni para lo material ni tampoco para lo espiritual (en un sentido de lo espiritual vinculado a las identidades y a los esencialismos; a lo 'sagrado', que diría Girard). Quien quiera obtener algo de ella se sentirá decepcionado, por eso, creo, hay tantos filósofos que al final reniegan de alguna manera de ella para decantarse por disciplinas más consoladoras, como la religión o el arte.

abrazos

Pau Llanes dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo... además esa palabra, pensador, la reivindico con ganas... Tienes razón en que ciertos términos acaban por desemantizarse por el uso y abuso que de ellos hacemos: museo, arte y artista son buenos ejemplos de ello... Desemantizarse es como "desimantarse" de sus significados originales, contaminar sus etimologías por la promiscuidad con las que las utilizamos... Bueno, además te cuento que por fin he terminado de escribir la “crónica” de mi viaje sentimental a Tenerife, la ballena-isla-volcán… La he compuesto en cinco capítulos y una entrada-puerta que puedes seguir de corrido, de arriba abajo, en mi Blog… Es mi regalo para tus ojos esta Semana Santa… Ojalá te guste esta literatura de viaje y sus imágenes… saludos... pau