martes, julio 12, 2011

Los fantasmas utópicos del 15-M.

Un fantasma recorre el 15-m, y no es el comunismo. Su fantasma es al mismo tiempo su virtud: ello es lo que le hace valioso y triste, necesario e imposible. Porque cabría ir tomando nota de que cada día que pasa, lo imprescindible, lo innegociable, lo inviolable irá convirtiéndose cada vez más en utópico, irreal, inexistente. Se trata también de la creciente expansión del poder en sí mismo: el pequeño propietario liberal del siglo XVIII se transforma poco a poco en una impecable máquina de matar bajo el manto de la democracia, en una aberrante administración asesina que cubre sus delitos bajo la máscara del bien de todos.

Puede parecer un escenario poco gratificante, y cuando pensamos que debido al peso lógico de las cosas, finalmente el pueblo cobrará conciencia de sí mismo y tomará las armas, no nos referimos a un asalto real a la Bastilla del capital internacional. Preferimos imaginarnos, en este caso, grandes masas despojadas y expropiadas de sus derechos vitales, sucedáneos de hombres arrojados a la locura violenta ante la imperiosidad del frío y del hambre. Ante ellos, espectral, gris e inhumana, una enorme muralla que los separa del mundo donde los Grandes Padres del Capital engordan sus cuerpos y se dan a todo tipo de vicios, delitos y locuras.

Pero volvamos al presente. Nuestra experiencia como integrantes y participantes de lo que podríamos llamar la última asamblea humana y política a la vez, comprobamos nuestra impotencia ante el desaire con que el Poder nos trata. Sí, se hacen eco de nuestras propuestas, miran, casi con telescopio, una amenaza casi intangible que desde lejos les apunta. Pero las propuestas verdaderas no pueden tener aquí correspondencia ninguna en un imposible programa político; lo que desde el corazón del movimiento emerge no se limita a la pequeña reforma de una administración pública infecta, no se conforma con una reforma del sistema de partidos. Va mucho más allá, es la vena utópica, necesaria e imposible del movimiento: el ala radical apunta a una destrucción del sistema económico actual, es decir, al núcleo esencial del sistema tal y como lo conocemos, a la raíz de donde surge toda la infección planetaria y al laboratorio de donde emergió el virus que amenaza destruir la humanidad.

Ni que decir tiene que tal reforma involucra la disolución e inversión de todas las demás esferas: social, personal, política, moral. Es por ello que todas las reformas que nos puedan proponer los partidos políticos actuales están muy lejos de satisfacer el ala más radical de la Indignación, y también el más coherente. Pero también el más imposible, y ello porque choca contra el Padre, contra el Intocable, contra el Absoluto: el Poder. Este ala es, pues, la más utópica y la más realista. La más utópica, porque choca contra estructuras intocables, cuasi absolutas: el ciudadano aplastado por una muralla infinita de procedimientos burocráticos y construcciones impersonales, tal y como le sucede al protagonista en El Castillo, de Kafka. Pero la más realista, porque sabe que sin ese cambio radical todo parche será peor que la enfermedad, porque la violencia que ahora se conserva explotará en su momento con toda su crueldad.

Parches, parches, parches. No otra cosa nos proponen esos políticos, infectos como el propio sistema, cada vez que dicen escucharnos. No, no pueden escuchar nada, sus oídos están obturados. El poder les ciega, el sistema les ata de manos. Son su Scila y su Caribdis. Allí donde quieren hacer algo, no pueden hacerlo. Allí donde pueden cometer un abuso, se les anima a ello. Tal es la lógica infernal de este manicomio que hemos construido, guiados por los consejos sabios de las agencias de calificación. Moodys el Behemoth del caos financiero global ha diseñado todo el proceso para cubrirse las espaldas: sí, sabe que surgirán elementos agresivos, pero para ello ya ha puesto su muralla personal: la colaboración del poder político con el poder financiero, mediando el poderío militar. Esta Santísima Trinidad, cuya síntesis hace posible la emergencia del Poder Absoluto- en la medida en que este poder sintetiza todos los poderes, colaborando en el diseño de un poder Único y Global- cada vez distingue menos sus miembros entre sí: en efecto, poder político y poder económico forman ya el mismo rostro al que dan vida, ese rostro de un Leviatán sumado al Behemoth del Caos, dando lugar a la verdadera e infernal construcción de Poder más grande que la humanidad haya imaginado jamás.

Hay un pasaje curioso del Apocalipsis que cabría recordar aquí. En un momento de inspiración, San Juan de Patmos dice: “Afuera están los perros”. ¡Qué curioso! ¿A quién se referiría? Quizás sean los perroflautas que han venido al único lugar aún no colonizado: la conciencia personal. Y es que afuera estamos los perros, y los ciudadanos. Al otro lado de la muralla. Afilando nuestras piedras, que chocarán inevitablemente contra el muro levantado por el Poder. Qué razón tenían los utópicos. Eran demasiado soñadores como para no darse cuenta de qué significaba la verdadera realidad. En ese tiempo el concepto de lo político solo será pensado por utópicos. Quizás incluso ahora ya haya comenzado a serlo.

1 comentario:

Renton dijo...

David:
Parches, parches, parches. No otra cosa nos proponen esos políticos, infectos como el propio sistema, cada vez que dicen escucharnos. No, no pueden escuchar nada, sus oídos están obturados. El poder les ciega, el sistema les ata de manos.

Más lo último que lo primero.

Fíjate lo que dijo Mangabeira no hace mucho,

España es una democracia secuestrada por las grandes empresas, por una plutocracia mercantilista que ha puesto las instituciones del Estado a su servicio”.
La provocadora definición no es mía, es de Roberto Mangabeira Unger, exministro de Asuntos Estratégicos de Brasil con Lula, que pasó por Madrid hace unas semanas.
Unger no es ningún revolucionario antisistema.
Es catedrático en la facultad de leyes de Harvard –llegó a ese cargo con 29 años, el más joven de la historia de esta universidad– y entre sus exalumnos se cuenta el propio Barack Obama. En su opinión, cuesta encontrar otro país en el mundo –“tal vez Corea”– donde esta comunión entre el poder político y el económico sea mayor; donde se confundan de forma tan evidente los intereses de la élite empresarial con los intereses de todos los ciudadanos.


http://www.escolar.net/MT/archives/2011/03/camara-de-los-lores.html

Nada de parches, odres nuevos...

Mateo 9:16-17.