jueves, febrero 25, 2010

Ajedrez y metafísica

-Dices que el ajedrez es un juego bello por su lógica, y que su lógica es cauce y territorio del pensar.

-Sí, eso creo.

-Pero, ¿No dices que eres filósofo?

-Sí, o al menos, esa es mi intención.

-Y dime, ¿Qué tienen en común las especulaciones filosóficas con los movimientos necesarios del ajedrez?

-Bueno, yo no diría que el ajedrez tiene como esencia “movimientos necesarios”…

-Es un sistema en el que todo movimiento está causado y determinado por otro. Desde luego, un sistema en el que las filosofías de Spinoza y Descartes se moverían a gusto.

-¿Y es que Spinoza y Descartes no eran filósofos?

-Spinoza era ante todo pulidor de lentes. Y Descartes era matemático primero. Su metafísica está a expensas de una teología muy provechosa. Yo no diría que Descartes es un verdadero pensador metafísico.

-Bien; digamos pues que el ajedrez no es metafísico. Pero sí es lógico y filosófico.

-¿Por qué es filosófico?

-Bueno, estás de acuerdo en que también nosotros, como en el ajedrez, poseemos unas piezas- las estructuras básicas de nuestra existencia y su significado- cuya posición espacial es determinación y libre elección nuestra, pero que en cuanto totalidad lógica dibujan el límite de nuestros actos sobre el cual no nos es dado trascender.

-Eso es interesante.

-También nuestro marco de conversación, nuestro lenguaje y razonamientos, a pesar de su infinitud empírica, están situados en un marco lógico más allá del cual no podemos situarnos…

-Sí, esto es aparentemente visible… ¿ Entonces la metafísica es un balbuceo? Sigues hablando desde Kant...

-La metafísica es balbuceo, desde luego. ¿ Cómo podrías hablar con sentido fuera del sistema? O mejor, ¿Cómo podrías hablar con sentido si no estuvieses ya dentro del sistema?

-Y por eso el ajedrez es filosófico…

-Sí, en ese sentido el ajedrez puede entrar dentro de la definición más básica que un filósofo analítico haría de la filosofía como tal.

-¿Y yo que debo responder ante esto? Bien que entonces hablaríamos de la filosofía en un sentido muy restringido, a saber, como aquella sección de lo real a la que los filósofos de Oxford llaman “filosofía”…Esto ya debería dar que pensar, en un sentido muy amplio. Sin embargo, me niego a creer que se piense en el ajedrez. Como tampoco en la vida cotidiana, se piensa, sino que, en realidad, se actúa.

-Se siguen unas reglas, eso es cierto. Pero hay que pensar la disposición de tus piezas, y en ello puede decidirse el éxito o el fracaso de tu vida.

-Bien, digamos lo siguiente, ¿Qué relación mensurable hallarías entre la existencia y a su complejidad con respecto de la existencia particular de un juego como el ajedrez?

-Esta es una pregunta sofística. Evidentemente, el ajedrez no deja de ser un juego.

-Pero a la vez es un esquema simbólico que describe una totalidad lógica compuesta de múltiples partes ensambladas cuya posibilidad de combinación es limitada-lógicamente-, aunque infinita- empíricamente-, que muy bien podría corresponder a la situación de posibilidades lógicas de los hechos del mundo y de la actuación del hombre en ese mundo, etc…

-Sí, de acuerdo. En ese sentido el ajedrez podría parecer un esquema simbólico de las condiciones trascendentales de todo pensamiento o acción o hecho cognoscible. No me opongo a esto.

-¿Y por qué deberías separar lo que ocurre dentro del ajedrez con lo que ocurre fuera? Es decir, ¿No es cierto que determinadas condiciones espacio temporales pueden actuar en el sujeto que juega la partida, de modo que determinen a su vez movimientos de sus piezas específicos?

-Claro…

-Bien, bajo esta ley simple de causalidad, es decir, sujeto exterior- sujeto interior o jugador- inseparables si se quieren comprender con profundidad las causas de los acontecimientos que florecen en el tablero-, te vuelvo a preguntar, ¿Cuál es la relación entre los significados del mundo exterior con respecto de los del mundo interior- es decir, el del juego- en un sentido global?

-No sé si esa pregunta tiene sentido.

-¡Exactamente! En un sentido estricto, no lo tiene. Como tampoco la metafísica. Y, sin embargo, ¿No dirías que los acontecimientos ventilados en nuestra existencia cotidiana son mil veces más importantes y complejos que los problemas más complicados del ajedrez?

-Luego el ajedrez y la vida cotidiana son comparables…

- La vida cotidiana y el ajedrez, pero no el problema de la vida y las cuestiones de las que se ocupa la filosofía.El ajedrez no puede, en su complejidad, resolver con sus reglas problemas que pertenecen a un ámbito de reglas para el que las primeras son simplemente inútiles….absurdas. Por eso digo que el ajedrez no es filosófico. Como no lo es la vida cotidiana, en la que se trata simplemente de combinar los elementos que poseemos de tal manera que nuestra existencia sea exitosa. Pues hay otro conjunto de reglas que nos trascienden, de la misma manera que la existencia trasciende las reglas de un simple juego como el ajedrez.

-¿Y cual sería, según tú, ese ámbito?

-Ya lo sabes: la metafísica.

-¿Y qué sentido tendría ella?

-¿No ves que preguntas algo a lo que antes diste respuesta? Deberías hablar así: “¡No debo preguntarme esto! ¿Acaso es comparable?” Y sólo pensar en su comparación es una cosa ridícula. Pues el abismo en el que el hombre hunde su existencia sólo es comparable al abismo del peón inconsciente que peregrina, ahogado por sus reglas, en un juego que se repite infinitamente manejado por unas manos cuyas intenciones desconoce. Y así es el hombre con respecto de los misterios de la metafísica.

-¿Los misterios? Hablas como un místico.

-Sólo es porque tú eres demasiado cartesiano. Jugaremos una partida de ajedrez.

-De acuerdo, cuando quieras.

-Pero dejarás que mi peón pueda comenzarla fuera del tablero.


1 comentario:

Ricardo dijo...

No lo había pensado la comparación en este sentido pero me parece acertada. Lo que sucede es que no todo termina en lo racional.

Saludos