lunes, diciembre 15, 2008

Criminales e Irreverentes IV

Benito Ludbeck fue un hombre que nunca existió. En primer lugar, su voz debería haber sido de barítono, pero como esto no pudo ser, no llegó a tener voz. Su cabello debía haber sido rubio y ondulado, pero como esto no pudo ser, no llegó a tener cabello. Y así sucesivamente. Hasta el día 23 de Enero de 1870, en el que rompió los límites de la necesidad natural y se abrió a la realidad mediante la violación misma de la posibilidad. Tal acto, ininteligible en su esencia, fue aplaudido por la Rectoría para Estudios Metafísicos Trans-Inteligibles, cuyo fundador, Moisés Rahn, dio a Ludbeck la oportunidad de existir. Al menos dentro de la idea misma de posibilidad.

Lo marítimo es lo
/bello/
Lo posible lo
/cerco o volátil/
Lo espurio
/la esencia/
Clarividencia fútil
/la escolástica/
El perineo
/esposa o espuma
Alabastro encendido
/el acto/
Inteligencia oscura ().

Fenómeno incomprensible para la más especulativa de las místicas, Ludbeck ha reconciliado las antinomias metafísicas más vastas mediante un solo acto: venir a la vida sin llegar a ella. Tal acción no sólo merece un reconocimiento, sino que pone en tela de juicio la idea misma de reconocimiento, e incluso la idea-en-sí. Lo que Ludbeck acomete rompiendo los raíles de la necesidad natural es la violación misma del Deus sive Natura spinoziano: rompe el sentido de lo real mediante la introducción violenta de lo irreal mismo desde la idea de lo real.

Toco dos estadios
/necesidad imaginable/
Toco tres
Y entonces exhalo
/la danza del ciervo/.

Ludbeck es, por tanto, una persona que existe en el modo de la eternidad, para decirlo con lenguaje spinoziano. Nunca ha existido pero ha apuntado su existencia desde el vientre de la posibilidad, negando la realidad de lo actual e imponiendo severamente la necesidad de lo imposible. Como necesario e imposible, Ludbeck no ha nacido nunca ni morirá nunca. Ludbeck es en realidad Dios mismo, y esta es la tesis con la que finalmente el pastor Rahn dio a conocer la esencia misma de Ludbeck.

“ Y finalmente, hallando que nuestras proposiciones, establecidas según el modo geométrico, habían encontrado una conexión íntima en la idea misma del creador del mundo, establecimos que el señor Benito Ludbeck es, sin lugar a dudas, el Señor del Cielo, la esencia devenida de Dios en la Tierra mediante la Mera Idea de su Posibilidad. Rogamos pues una alabanza iniciática en el misterio de Don Jesucristo-Ludbeck y establecemos a día de hoy su título como Doctor de la Ley y Señor que Guía al Rebaño. ..”

Ludbeck se encuentra hoy en día canonizado y alabado como Santo y Director de la Ley Rabina en Jerusalén y como Doctor de la Negritud en Kuala Lumpur, Malasia.

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