sábado, febrero 09, 2008

Algunos consejos para el caminante

No existe plenitud que pueda emerger del contacto con el conocimiento. Lo pleno nunca es objetivo de la conciencia, se halla siempre en la exterioridad de lo absoluto, en el territorio de lo ideal. Por eso toda plenitud se enlaza con el ascetismo, porque lo pleno exige para sí la homogeneidad de sus contenidos, la dedicación en la forma de una purificación.

El ascetismo del poeta obedece por lo tanto a un deseo de plenitud. La perfección se convierte en horizonte regulativo del pensador que lleva hasta el extremo la seriedad de su decisión. Sabemos por tanto que la vía del conocimiento no es plena, y los que ahí han buscado la plenitud no han logrado sino apenas migajas. Ahora bien, ¿ofrecen las vías de lo religioso (Kierkegaard) o de lo poético (Rilke), en su ascetismo dirigido hacia la plenitud, lo auténticamente absoluto? Eso es lo que se trata de averiguar.

Habría que decir que todo movimiento espiritual que de alguna manera instaure o pretenda instaurar una continuidad en la concentración de la conciencia aleja ya de por sí todo lo que tenga que ver con lo absoluto. Y la religiosidad y la poética no se salvan de este problema. La luz, -podríamos decir- cansa, agota, destruye. Lo que se requiere de vez en cuando para no morir en sus redes es lo contrario de la luz: la embriaguez, la oscuridad, la pasividad de la conciencia caída en las manos del destino.

Lo que encuentra toda forma de conciencia activa en su búsqueda es el choque frontal contra la imposibilidad de la infinitud; ante este fracaso la inteligencia se revela en la forma mística, no menos inaccesible, o en el arrebato poético, que busca la luz por la vía de la oscuridad. Pero en la medida en que esa última búsqueda persigue y de hecho consigue una cierta lucidez a contrapelo, el problema sigue sin tocarse: el punto máximo de convergencia con la plenitud de la conciencia nunca coincide con la plenitud propia del ser. Y nuestra búsqueda se marchita en el colapso de la desesperación.

No, la plenitud es sólo alcanzable mediante un movimiento zigzagueante; es preciso retornar periódicamente a la inconsciencia para remontar el camino de la conciencia. La luz excesiva ciega todas las capacidades, y el grado religioso o poético de exaltación sólo tiene como producto final el tedio y la desesperación. Esto supone que la perfecta visibilidad del ser no significa una comprensión absoluta mediante la cual el espíritu alcance su plenitud, sino, por el contrario, un éxtasis nihilista, en el que la abolición de todo contenido particular nos ha conducido a la posesión ingrata de una esencia vacía.

En este movimiento zigzagueante no se trata de enfrentarse directamente a la luz en un acto suicida (Cioran, Nietzsche), sino más bien de aletargar las funciones de la conciencia cuando ésta intuye ya de cerca la remisión infinita del ser. En ese momento es preciso, urgente, girar; sean bienvenidos todos los modos de la atrofia y la embriaguez del éxtasis. El retorno tardío a la vía de la conciencia habrá iluminado nuestras virtudes y errores con una luz nueva, y entonces ya podremos ponernos de nuevo en el camino con la moderación del que conoce sus peligros.

8 comentarios:

Petrusdom dijo...

La necesidad del "algo" más que lo real es lo que nos empuja hacia la plenitud, como ideal. Yo pienso que en la poética, creación literaria, te acercas más humanamente a esa plenitud.
SAludos cordiales

David Carril dijo...

Hola, Petrusdom. También yo pienso que la poesía acerca a la plenitud. Lo que creo es que nunca la alcanza, y que en ese acercamiento se cuaja la frustración de todo artista por alcanzar el absoluto. Pero quizás el absoluto no contenga lo que todo poeta o místico espera que contenga, y en él haya un mayor vacío de lo que suponemos.

Saludos.

Pau Llanes dijo...

No sé... se me ocurre que a lo peor el problema radica en los cuerpos de las palabras grandes... me siento más cómodo en un universo (de partículas, de acontecimientos, de sentimientos, de ideas, yo qué sé) "indeterminado" que "infinito"... Lo indeterminado está por decir... la infinitud es puro silencio de terrible... Gracias por tus brillantes escrituras, brillan en mis ojos también desde hace días... saludos... pau.

Anónimo dijo...

A men

David Carril dijo...

Hola, pau.

Tienes toda la razón. Escribir sobre el absoluto da a veces la impresión de estar chocando contra el absurdo; no porque lo absoluto sea absurdo, sino porque enseguida nos tropezamos con algo probablemente inaccesible. Gracias por visitar el blog, te agregaré en mis links.

Saludos.

Anónimo dijo...

Cual es la ambición que al hombre empuja a alcanzar el absoluto infinito, la virtud divina, la bienaventuranza eterna, constante e inmutable...? mucho se ha dicho de esto en lo referente a dios por todas las culturas, pero quizas más en el oriente lejano, donde se ha comprendido el caracter caduco ciclico y fluctuante que afecta irremediablemente a todo lo que existe, quizas la asuncion de esto constituya una filosofia pragmatica de cómo vivir

Anónimo dijo...

↑ Andres ↑

Karmen dijo...

Así estoy, en la búsqueda marchita y en la desesperación. ¿Por qué no después de deslumbrada por tanta luz,arriesgo? En la frustración sólo se me ocurre ser camicaze.Y agarrarme de los bajos del pantalón de Cioran y Nietzsche.

Un saludo David.