
“El sentido no existe; insiste o subsiste en la proposición”. (Gilles Deleuze, Lógica del sentido).


Y sin embargo, la facticidad sólo es digerible por un sujeto al que remitirían todas las particularidades, un sujeto universal y eterno. Sólo la objetividad puede vivir sin necesidad de proyectarse entre espejos y distorsiones, sólo ella puede alcanzar el lenguaje puro y cristalino que se eleva sobre el tiempo y el espacio, esenciando por sí misma la esencia de las cosas. Sólo en tal sujeto abstracto coinciden de forma definitiva la facticidad y su relato. Pues sólo en él es posible la absoluta carencia de aliento vital.

Entre los objetos fóbicos de nuestra época se encuentran los de mente, alma, metafísica, alienación, espíritu y conciencia. Sin embargo, es una fortuna que todo esto se haya “demostrado” y “superado”. Somos mucho más inteligentes que los pensadores tradicionales, que ambicionaban sin embargo llegar más lejos que nosotros, sin conciencia histórica, sin conciencia de finitud, en definitiva, pensadores estériles con mirada “plana” cegados por abstractas categorías.
Aquello cuya esencia es el devenir y que por tanto es inenarrable e intangible es ahora el escenario donde las propuestas filosóficas se aniquilan o se permiten. El monstruo de la historia se erige como el único lugar digno de alabanza, donde las cosas cobran su existencia. El valor de la existencia viene dado desde el escenario histórico, que en su más pura esencia es absoluto devenir bruto e inconexo.

El peligro de la filosofía está en el hipnotismo: quedar asombrado por una idea que se impone a la cabeza de forma obsesiva y que aparece como la esencia de todo lo ente; en contra de esta negra pasión ya se ha escrito mucho, y nuestro presente es en cierta forma una revulsión contra el mecanismo general de la filosofía antigua y moderna.


Regalemos al leproso un imperio de riquezas a cambio de olvidarse de las buenas obras, curemos al ciego y bendigámosle con posesiones y bienes a cambio de rechazar a Jesucristo. ¿Qué tipo de excelencia es la fe cuando ésta se halla comprometida por necesidades inmediatas?
Solamente el que reniegue del hombre será salvo; sólo el que se cause repugnancia a sí mismo será santo, ¿qué tipo de morbosidad monstruosa ocultan estas enseñanzas? (Nietzsche). Jesucristo quiere poner en ridículo la labor humana del conocimiento. Despellejar los esfuerzos sensatos de los hombres y burlarse de los insensatos. Cuando en cierta ocasión un fariseo le invita a cenar a su casa, Cristo le responde con estas duras palabras: “vosotros, los fariseos, limpiáis lo exterior de la copa y del plato; mas vuestro interior está lleno de rapacidad y maldad”. (Lc 11,39)
Y si eran pecadores, o ciegos debido a su falsa sabiduría, ¿ por qué no se centró primero en ellos, en lugar de sentarse con las prostitutas y los enfermos, quienes tenían más razones para creer en él y darse a su bondad que los fariseos y estudiosos de la Ley?